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Manejo de medicación en la tercera edad: errores comunes y cómo evitarlos

22 sept
4 min de lectura

Actualizado: hace 6 días

Con los años, es habitual que la lista de medicamentos se haga un poco más larga: uno para la presión, otro para el colesterol, algún suplemento, alguna pastilla para dormir mejor. Nada de esto tiene por qué ser motivo de alarma, pero sí merece organización. Cuando se toman varios medicamentos a la vez —lo que se conoce como polifarmacia— aumenta también la posibilidad de que se cuele algún error: una toma que se olvida, una dosis que se duplica, una pastilla que se confunde con otra. Son cosas que le pasan a cualquiera, y la buena noticia es que con un poco de orden se pueden evitar casi todas.

Por qué el tema se complica un poco más con los años

No es que a los adultos mayores “se les olviden las cosas” más que a cualquiera. Lo que pasa es que se suman varios factores al mismo tiempo: más medicamentos, horarios distintos para cada uno, envases que a veces se parecen entre sí, letra chica difícil de leer, y rutinas que cambian de un día para el otro. A eso se le agrega, en algunos casos, algún cambio leve en la memoria o en la atención, propio de la edad. Ninguno de estos factores es grave por sí solo, pero juntos hacen que organizarse requiera un poco más de método que antes.

Los errores más frecuentes (y por qué pasan)

Conocerlos es el primer paso para evitarlos:

  • Olvidar una toma o, al revés, tomarla dos veces. Suele pasar cuando no hay un sistema claro para marcar “esto ya lo tomé”. Sin un registro visual, es fácil perder la cuenta, sobre todo si el medicamento se toma más de una vez al día.

  • Confundir dosis o mezclar pastillas de distintos frascos. Cuando varios envases se guardan juntos y se parecen en tamaño o color, el margen de error crece. Esto se agrava si el pastillero se arma “a ojo” en lugar de seguir la indicación exacta de cada receta.

  • Suspender un tratamiento por cuenta propia. Es muy común dejar de tomar algo porque “ya me siento bien” o porque generó algún malestar leve. El problema es que muchos tratamientos necesitan continuidad para hacer efecto, y suspenderlos sin consultar puede traer complicaciones. Ante cualquier duda o efecto no esperado, lo indicado siempre es hablarlo con el médico antes de decidir nada por cuenta propia.

  • Guardar o usar medicación vencida. Con el tiempo se acumulan cajas viejas en el botiquín, y no siempre es fácil notar cuáles ya vencieron o se guardaron en un lugar con demasiado calor o humedad, lo que puede alterarlas.

  • No informar a todos los profesionales sobre todo lo que se toma. Cuando distintos médicos recetan por separado, sin tener el cuadro completo, aumenta el riesgo de interacciones entre medicamentos. Llevar la lista completa y actualizada a cada consulta ayuda a que el profesional tenga el panorama real.

Herramientas simples que ordenan el día a día

No hace falta nada sofisticado para reducir estos riesgos. Algunas ideas que funcionan bien en la práctica:

  • Un pastillero semanal con compartimentos por día y horario, armado una vez por semana siguiendo al pie de la letra la indicación médica de cada producto.

  • Una lista única y actualizada de medicación, con nombre, dosis y horario, que se pueda llevar a cualquier consulta y compartir con la familia o con quien acompañe en el cuidado.

  • Recordatorios sencillos: una alarma en el celular, un cartel en la heladera, o directamente el acompañamiento de un familiar en los horarios más importantes.

  • Revisar el botiquín cada tanto, para descartar lo vencido y evitar que se acumulen frascos de más.

  • Sostener siempre la misma farmacia, cuando sea posible, ya que muchas pueden alertar sobre posibles interacciones entre medicamentos.

Vale aclarar que estas son pautas generales de organización, no indicaciones médicas: cada tratamiento y cada persona son distintos, y cualquier decisión sobre dosis, cambios o suspensión de un medicamento debe consultarse siempre con el médico o el farmacéutico de confianza.

Cuándo tiene sentido pedir una mano extra

Hay momentos en los que ordenar la medicación por cuenta propia se vuelve más difícil: cuando la cantidad de fármacos es alta, cuando hay cambios frecuentes de dosis, cuando cuesta leer los envases, o cuando simplemente ya no queda tan claro qué se tomó y qué no. Reconocer esto a tiempo no es una derrota, es una forma de cuidado. Pedir ayuda —a un familiar, a un cuidador o a un profesional— es, en definitiva, la manera más segura de seguir sosteniendo el tratamiento como corresponde.

Si en tu familia este es un tema que genera dudas o preocupación, en Residencia Santa Bernardita sabemos lo delicado que puede ser sostener el manejo de la medicación día a día, sobre todo cuando hay varios tratamientos en simultáneo. Contamos con acompañamiento profesional que ayuda a organizar y supervisar este aspecto del cuidado, para que la familia pueda estar más tranquila. Si querés conversar sobre cómo podemos acompañarte en esto, estamos para ayudarte.

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Somos un hogar para señoras mayores en el Prado, Montevideo, a pasos del Jardín Botánico, con cuidado las 24 horas desde 1998. Conocé cómo son los ingresos, nuestro Centro Diurno o escribinos por WhatsApp al 091 311 474 para coordinar una visita.

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