
Alimentación e hidratación en la tercera edad: cómo cuidar el bienestar día a día
Actualizado: hace 7 días
Con los años, algo tan cotidiano como comer y tomar agua puede volverse más complejo de lo que parece. No es que haya que dramatizar el tema, pero sí prestarle un poco más de atención: los adultos mayores suelen comer menos, tomar menos líquido del que necesitan y, muchas veces, ni siquiera lo registran. Entender por qué pasa esto —y qué se puede hacer al respecto— ayuda a acompañar mejor a nuestros mayores, ya sea que vivan solos, con la familia o en una residencia.
Por qué cambian las necesidades con los años
El cuerpo va cambiando, y con él, la forma en que se relaciona con la comida. El sentido del gusto y el olfato se atenúan, así que muchas comidas ya no saben igual que antes, lo que puede llevar a comer menos o a inclinarse por sabores más intensos (más sal, más azúcar) sin que eso sea necesariamente lo más recomendable. La masticación y la deglución también pueden complicarse, sobre todo si hay problemas dentales o alguna dificultad para tragar. A esto se suma que el metabolismo se hace más lento y que muchas personas mayores toman varios medicamentos que afectan el apetito o la forma en que el organismo absorbe los nutrientes.
Por otro lado, la sensación de sed disminuye con la edad. Esto es clave: un adulto mayor puede estar deshidratándose y no sentir necesidad de tomar agua, simplemente porque esa señal del cuerpo ya no funciona con la misma claridad que antes. Por eso la hidratación necesita pensarse de forma más consciente, casi como un hábito a sostener y no como algo que ya viene solo cuando aparece la sed.
Señales que conviene tener en cuenta
No hace falta ser especialista para notar algunas pistas que muestran que algo no anda del todo bien. Bajar de peso sin explicación, notar la ropa más floja, cansancio que no se relaciona con otra causa, piel más seca de lo habitual, confusión pasajera o mareos al levantarse son señales que vale la pena observar. Lo mismo pasa si la persona empieza a comer porciones muy chicas, salta comidas seguido o evita ciertos alimentos porque le cuesta masticarlos o tragarlos.
Ninguna de estas señales es, por sí sola, motivo de alarma: muchas veces se explican por cosas simples y solucionables. Pero sí conviene charlarlo con el médico de cabecera o un nutricionista, porque a partir de una evaluación profesional se puede saber si hace falta ajustar la dieta, revisar la dentadura o simplemente reforzar algunos hábitos.
La hidratación, un cuidado que se pasa por alto
Se habla mucho de la alimentación, pero la hidratación suele quedar en segundo plano, y es igual de importante. Como mencionábamos, la sed ya no es una alarma tan confiable en la tercera edad, así que conviene ofrecer líquido de forma regular, sin esperar a que la persona lo pida. Tener un vaso de agua a mano, ofrecer agua junto con cada comida, o incorporar infusiones, caldos, frutas jugosas o gelatinas son formas simples de sumar líquidos a lo largo del día.
Vale la pena estar atentos en los días de calor o si la persona tiene fiebre, diarrea o está tomando diuréticos, porque en esos casos las pérdidas de líquido son mayores. Como con cualquier indicación relacionada a la salud, si hay dudas sobre cuánta agua tomar por día o si existe alguna restricción por una condición particular, lo mejor es consultarlo con el médico tratante.
Ideas prácticas para el día a día
Algunos cambios pequeños pueden hacer una diferencia grande. Repartir la comida en cuatro o cinco momentos más livianos, en lugar de dos o tres comidas abundantes, suele ser más fácil de sobrellevar cuando el apetito está disminuido. Priorizar alimentos con buen aporte nutricional en poca cantidad —como huevo, lácteos, legumbres o pescado— ayuda a que, aunque se coma menos, el cuerpo reciba lo que necesita.
También ayuda cuidar la presentación: una comida bien armada, con colores y texturas variadas, invita más a comer que un plato monótono. Si hay dificultades para masticar, se puede recurrir a cocciones más blandas, purés o alimentos cortados en trozos pequeños, sin resignar sabor ni variedad. Y, sobre todo, compartir el momento de comer acompañado suele estimular el apetito mucho más que comer en soledad.
Estamos para acompañar
Sabemos que sostener estos hábitos en el día a día no siempre es sencillo, sobre todo cuando la familia tiene que combinarlo con el trabajo y otras responsabilidades. En Residencia Santa Bernardita contamos con un equipo que planifica la alimentación de cada residente según sus gustos y necesidades, y que está atento a la hidratación durante todo el día, como parte del cuidado integral que brindamos. Si te preocupa cómo está comiendo o hidratándose tu ser querido, con gusto conversamos para ver de qué manera podemos ayudar.
Residencia Santa Bernardita, en el Prado
Somos un hogar para señoras mayores en el Prado, Montevideo, a pasos del Jardín Botánico, con cuidado las 24 horas desde 1998. Conocé cómo son los ingresos, nuestro Centro Diurno o escribinos por WhatsApp al 091 311 474 para coordinar una visita.


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